EL JUICIO DE PARIS
Cuando Tetis y Peleo, los padres de Aquiles, se casaron, invitaron a su boda a todos los dioses excepto a uno: Erix, la Discordia. No obstante, Erix se presentó a la boda y arrojó una manzana de oro entre la multitud de los dioses. En la manzana estaba escrito: "Para la diosa más hermosa". Enseguida tres diosas se disputaron el derecho a poseer la manzana: Juno, Venus y Minerva. Entonces Júpiter, dios del cielo y de la tierra, para poner paz entre las tres diosas, ordenó a su mensajero Mercurio que las condujera al monte Ida de Troya, ante el bello Paris, para que fuera este quien decidiera a cuál de las tres correspondía el dorado trofeo. Así lo hizo y una vez ante Paris las tres diosas intentaron comprar la voluntad del juez. Juno, reina de las diosas, esposa de Júpiter, le ofreció el gobierno de las ciudades; Venus, diosa del amor y la belleza, le freció el amor de la muchacha que deseara; por último, Minerva, diosa de la sabiduría y de la guerra, le ofreció la victoria en las batallas. Paris se decidió por Venus, la diosa del amor, que más adelante le correspondería dándole el amor de la hermosa Helena. Paris raptará a Helena de su casa en Esparta y la llevará consigo a Troya. Entonces Menelao, esposo de Helena, y su hermano Agamenón, rey de Micenas, juntarán un ingente ejército griego y embarcarán rumbo Troya en busca de Helena provocando con ello la famosa guerra de Troya.
ORFEO Y EURIDICE
El músico Orfeo está perdidamente enamorado de su mujer Eurídice pero un día en que esta paseaba por la orilla de un río es mordida por una serpiente y muere. Orfeo, inconsolable, desciende a los Infiernos en su busca. Con su maravillosa música encanta a los monstruos y a los dioses del Tártaro: la rueda de Ixión deja de girar; la roca de Sísifo queda en equilibrio; Tántalo olvida su hambre y su sed y las Danaides dejan por un momento de llenar su pozo sin fondo. Plutón y Proserpina acceden a restituir a Eurídice a un marido que da tales pruebas de amor pero ponen una condición: que Orfeo vuelva a la luz del día, seguido de su esposa, sin volverse a mirarla antes de haber salido del reino infernal. Orfeo acepta y emprende el camino de regreso. Cuando ya casi ha alcanzado la luz del sol, le asalta una duda: ¿le seguirá de verdad su amada? Y entonces se vuelve; pero Eurídice se desvanece y muere por segunda vez. Orfeo intenta recuperarla pero esta vez Caronte permanece insensible a su encanto y Orfeo regresa desolado al reino de los vivos.
EL RAPTO DE LAS SABINAS
Para poblar la ciudad recién creada, Rómulo aceptó todo tipo de prófugos, refugiados y desarraigados de las ciudades vecinas, de procedencia latina. La colonia estaba formada íntegramente por varones, pero para construir una ciudad se necesitaban también mujeres. Pusieron entonces sus ojos en las hijas de los sabinos, que habitaban la vecina colina del Quirinal.Para hacerse con ellas, los latinos organizaron una gran fiesta, con carreras de carros y banquetes, y cuando los sabinos se encontraban vencidos por los vapores del vino, raptaron a sus mujeres. Al regresar a sus casas y descubrir el engaño, los sabinos declararon de inmediato la guerra a los latinos. Antes de partir al campo de batalla, Rómulo encomendó la custodia de la ciudad a la joven Tarpeya, pero ésta, enamorada en secreto del rey de los sabinos, o anhelando una recompensa, prometió al monarca enemigo que le mostraría una vía oculta que conducía al Capitolio (donde estaba la fortaleza latina), a cambio de lo que él llevaba en el brazo izquierdo, en alusión a un brazalete de oro del rey. En efecto, los sabinos alcanzaron la ciudad gracias a las indicaciones de Tarpeya, pero en vez de entregarle su pulsera, el rey sabino ordenó a sus hombres que aplastaran a la traidora con sus escudos, que llevaban, precisamente, en el brazo izquierdo. Otra versión de la leyenda cuenta que los romanos descubrieron su traición, y que la arrojaron al vacío por un precipicio, que pasó a llamarse la roca Tarpeya, inaugurando así la costumbre de castigar a los traidores a la patria lanzándolos desde ese punto.
La ayuda de Tarpeya no evitó que sabinos y latinos se enfrentaran en el campo de batalla. En un momento del combate, en una célebre escena, múltiples veces representada en el arte, las sabinas se interpusieron entre los contendientes, abrazándose al cuello de sus maridos y familiares, para suplicarles que detuvieran la pelea. Pues si vencían los sabinos, ellas perderían a sus maridos, y si vencían los latinos tendrían que llorar la muerte de padres y hermanos. De modo que los contrincantes depusieron las armas y firmaron la paz. Este es el momento que el pintor francés J.L.David recoge en el cuadro.
Con esta leyenda ilustraban los romanos que su ciudad había nacido de la unión de dos pueblos: latinos y sabinos, a los que pronto se sumó un tercer elemento: los etruscos, un pueblo muy avanzado, que poblaba la actual Toscana y que poseía importantes intereses comerciales en la región del Lacio.













